domingo, 7 de abril de 2019

Una noche fría

Y otra vez me acuesto con lágrimas en los ojos,
Fingiendo delante de mis padres una sonrisa.
Me duele el alma, me duele el pecho, me duele el corazón.

¿Por qué te fuiste a dormir?
¿Por qué me dejaste ir?
No sé qué pasó,
pero sé que no estamos bien ni tú ni yo.


Unos dicen que lo deje, que me rinda,
cuando mi yo sólo piensa en luchar y ganar.
La guerra no durará para siempre,
y alguien saldrá victorioso de ella.
Yo ya sé que si luchamos juntos,
ganaremos ambos.


Ahora estoy muy cansada,
mis ojos piden descansar.
Pero quiero que sepas
que este corazón no se rendirá.

Gracias

Pensé que lo había superado, por un momento tenía el control de todo, iba bien, estaba trabajando duro, aprobando, parecía que se podía sacar, estaba hasta motivada.

De repente llega. Tengo que ir al médico, me dicen que tengo anemia, me empiezan a echar la bronca del siglo entre las 2 médicas y mi madre. Todo el día de un médico para otro, mi madre detrás mía diciendo que coma esto, que coma lo otro, pastilla para arriba, pastilla para abajo...

No puedo más, necesito salir. Salgo a entrenar, mi abuela y mi madre no quieren que entrene, que estoy fatal con la anemia,  pero mi padre al final las convence y me dejan ir.
El resto de la tarde me la pasé entrenando, y cuando llegué a casa sólo quería descansar.

Al día siguiente tenía clase y no había estudiado nada para los exámenes que había faltado por el médico. Rezaba porque me dejasen hacerlo otro día porque de verdad no me sabía nada.

A la mañana siguiente en clase, justifico mis faltas, pero me dice que no hay tiempo, que o hago ahora los exámenes o es nunca, se quedan como no entregados.

Ahora llega el agobio y mis ganas de llorar. Me había preparado esas dos materias mucho, iba a a probarlas, tenía esperanzas de sacarme el curso.
Ahora solo tenía ganas de irme y llorar.

No veía salida, tenía que salir de allí y así lo hice. Fui al sitio donde quedamos la primera vez, me puse música y me dejé llevar.

Allí estaba yo, en lo alto del edificio, a un paso del precipicio.
La gente pasaba, caminando, con prisas... Y yo observando. Parecían hormiguitas, tan pequeñas. Pero solo era yo, viéndolo desde mi punto de vista.

Quería verle, le dije que estaba mal y no dudó en salir del instituto para verme.

Al fin llegó y le abracé, con ganas de que no se acabara. Aún no entendía como podía haber hecho eso por mí. Él nunca se saltaba ninguna clase y aún así vino para unos minutos.

Me animó bastante verle, siempre está cuándo le necesito.

Mi día fue una gran mierda, pero contigo se me hace menos pesado. Gracias. 

Una historia en mente.

Hola, tengo una historia que estoy escribiendo desde que empezó este curso. La verdad que he conocido a muchísima gente que ha cambiado mi ...